Dónde están los archivos de los autores chilenos

02 de Marzo de 2020

En 2007 Doris Atkinson, sobrina de Doris Dana, donó el legado Mistral a Chile.

La Biblioteca Nacional conserva el mayor fondo de manuscritos de escritores locales, entre ellos Gabriela Mistral. En EEUU, la U. de Iowa, la de Princeton y la Fundación Getty tienen textos de Huidobro, Donoso, Eltit y ahora Jorge Díaz.

Andrés Gómez Bravo
29 Feb 2020 03:30 am

Fuente: latercera.com
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Fueron 168 cajas. Perfectamente aisladas y protegidas, en ellas llegaron a Chile los manuscritos, primeras ediciones, fotografías y documentos de Gabriela Mistral que permanecían en Estados Unidos. Un legado de valor incalculable, donado en 2007 por Doris Atkinson, sobrina de Doris Dana, albacea y pareja de la poeta chilena. Integrado por 18 mil documentos, además de imágenes y registros de audio y cine, el contenido fue catalogado y digitalizado, y se encuentra a disposición de los lectores en la Biblioteca Nacional Digital.

Compuesto de poemas, cartas, libros, miles de fotografías y archivos audiovisuales, el legado de Gabriela Mistral es uno de los mayores patrimonios literarios que conserva nuestro país. El Archivo del Escritor contaba con una colección dedicada a la poeta nacida en Montegrande en 1889, donado por Laura Rodig. Pero ese acervo abarcaba solo hasta la década de 1920.

El patrimonio donado por Doris Atkinson vino a completar la historia literaria y personal de la escritora que vivió en México, España, Italia, Brasil y Estados Unidos, donde murió en 1957. Una parte de su legado se encontraba microfilmado en la Biblioteca del Congreso, pero la mayor descansaba sin orden en la casa de Long Island donde vivió con Doris Dana.

De ese fondo nacieron al menos dos libros: un volumen de poemas inéditos y una reveladora edición de su correspondencia amorosa con Doris Dana. “Esto fue posible gracias a la visión de la sobrina, Doris Atkinson, quien quiso que este material regresara a Chile”, subraya la directora del Archivo del Escritor de la Biblioteca Nacional, Claudia Tapia. “El gobierno hizo gestiones de alto nivel para que este patrimonio llegara a nuestro país”, agrega.

Formado en 1968 por Roque Esteban Scarpa, el Arhivo del Escritor es uno de los principales fondos de manuscritos de autores chilenos. Eventualmente podría ser el destino de la colección de Pablo Neruda que se subastará en España el próximo 19 de marzo y cuyo valor de partida es de 710 mil dólares. En cifras locales, unos $ 580 millones.

El Ministerio de las Culturas expresó su interés en la colección, pero el monto lo vuelve difícil de alcanzar, al menos para los estándares del Archivo del Escritor. Compuesto por una veintena de poemas manuscritos, cartas mecanografiadas, primeras ediciones dedicadas a amigos y escritores y fotografías, el lote que subastará el coleccionista Santiago Vivanco podría completar los fondos que resguardan la Fundación Neruda y la misma Biblioteca Nacional.

“Nosotros tenemos manuscritos y documentos de la primera época de Neruda, del tiempo de Temuco, años 1919-1920. La Fundación Neruda tiene sobre todo desde los años 50 hasta 1973. Sería valioso que el archivo de España quedara aquí. Lamento que el coleccionista no haya tenido la voluntad y la visión patrimonial de donarlo a nuestro país”, dice Claudia Tapia.

El Archivo del Escritor cuenta con un presupuesto acotado de adquisiciones, pero su trabajo descansa en la perspectiva patrimonial. El año pasado adquirieron 20 cartas inéditas de Gabriela Mistral, parte de su correspondencia con su amigo y crítico literario Alone, en $ 15 millones.

“El legado de Gabriela Mistral que recibimos de Doris Atkison es mucho más valioso que la colección Neruda que saldrá a subasta, y fue una donación”, resalta Tapia.

En las colecciones que conserva la Biblioteca Nacional destacan los archivos de manuscritos de Joaquín Edwards Bello, Adolfo Couve, Jorge Teillier, Luis Oyarzún, Matilde Ladrón de Guevara, Fernando Santiván, Oscar Castro y Pablo de Rokha, entre otros. “De todas nuestras colecciones, hemos catalogado el 100 %, y tenemos digitalizado el 90 %, de tal forma que cualquier investigador o lector en cualquier parte del mundo pueda consultarlos”, dice.

En ese conjunto también puede encontrarse más de un centenar de textos de Vicente Huidobro, entre ellos la correspondencia con su madre desde Francia. Pero buena porción de los originales de madurez del poeta del creacionismo no están en el país.

La UDP adquirió cartas de Bolaño.

“La fundación Getty tiene tres cajas de documentos de Huidobro”, dice Vicente García-Huidobro, nieto del poeta y presidente de la fundación que difunde su legado. “Pero en la fundación tenemos copia de todo ese material”, subraya.

El archivo Manuel Rojas está en la UC.

Como el caso de Huidobro, otros autores o sus descendientes han escogido destinos fuera de Chile para sus legados literarios: José Donoso, Jorge Edwards, Enrique Lihn y Diamela Eltit, por ejemplo.

Universidades americanas

Parte de la columna vertebral de la narrativa chilena del siglo XX, José Donoso depositó sus papeles en las universidades de Iowa y Princeton. En ellos, el autor de El obsceno pájaro de la noche exhibe un rostro desconocido para su perfil público, así como los demonios y las pulsiones más íntimas que esconde su escritura.

A partir de ellos su hija Pilar escribió Correr el tupido velo, una valiente y conmovedora memoria familiar, considerado uno de los hitos de la literatura chilena del siglo XXI. Tras el suicidio de Pilar en 2011, Cecilia García-Huidobro comenzó a trabajar en los cuadernos y publicó Diarios tempranos, consagrados a los textos de Iowa. Ahora, trabaja en los de Princeton.

“El archivo de Donoso es muy consultado”, dice Javier Guerrero, profesor de Estudios Latinoamericanos de Princeton, quien resalta que Chile tiene un lugar destacado en las coleciones de la universidad. A Donoso “prosiguieron colecciones como la de (Mauricio) Wacquez, la de (Jorge) Edwards y, recientemente, acabamos de adquirir el archivo del dramaturgo chileno Jorge Díaz”, cuenta.

Javier Guerrero fue el gestor también de que los papeles de Diamela Eltit llegaran a Princeton en 2016. Para él, la autora de Sumar “es la escritora más importante del hemisferio. Su trabajo repiensa continuamente el papel de la literatura y constituye una aguda reflexión sobre la política, los dispositivos del conocimientos, las mediaciones, la lengua y la materialidad de la vida”, escribe por e-mail.

Como Donoso y Diamela Eltit, Enrique Lihn matuvo estrechas relaciones con universidades americanas. Tras su muerte, en 1986, la Fundación Getty se quedó con parte importante de su archivo. “Yo lo ofrecí entonces a la Biblioteca Nacional, pero no vi gran interés”, cuenta su hija Andrea. “La Fundación Getty estaba muy interesada y tiene todo en condiciones espectaculares”, afirma.

Presidenta de la Fundación Enrique Lihn, la hija del poeta aún conserva dibujos, álbumes y cartas de carácter más familiar. Ese patrimonio no está en venta. “Espero dejarlo en alguna institución en Chile”, dice.

Con ese archivo, la UDP organizó una exposición el año pasado, titulada El hombre puzzle, y está interesada en adquirirlo.

Los cuadernos de José Donoso se encuentran en Iowa y Princeton.

La Fundación Getty cuenta con originales de Huidobro (en la foto) y Enrique Lihn.

Hace tres años, la Biblioteca Nicanor Parra de la misma universidad compró la correspondencia entre Roberto Bolaño y Soledad Bianchi, que dio forma a la muestra El escritor joven y la crítica.

A su vez, la Fundación Manuel Rojas entregó en comodato a la Universidad Católica el archivo del autor de Hijo de ladrón. Son más de mil documentos entre cartas, manuscritos y fotografías que son digitalizados por el Centro de Estudios de la Literatura Chilena.

Otros fondos se encuentran en manos de coleccionistas, como el de Raúl Zurita, en poder de Carlos Alberto Cruz, o los cuadernos de Nicanor Parra adquiridos por César Soto. Este último cuenta también con manuscritos de Pablo de Rokha.

En ocasiones, la intención de conservar los archivos puede encontrar otras dificultades. Claudia Tapia cuenta que hace unos años los hijos del poeta Gonzalo Rojas visitaron el Archivo del Escritor. “Conversamos y después no supe más. Quisieron armar una fundación, que hoy no está muy activa”, dice.

Ella subraya que la Biblioteca Nacional cuenta con los especialistas y la tecnología adecuada para conservar en forma óptima los archivos. “No se trata de competir con las universidades extranjeras. El Estado no es un coleccionista. Este es un asunto de conciencia de lo que significa el patrimonio literario de nuestro país”, indica.