El Cepillo de Dientes (1960)

15 de diciembre de 2015

ÉL: (De pie). ¡Todos los días lo mismo!… (Gritando hacia los laterales). ¡Dejen todo como está, que no hemos terminado todavía (Un silencio. Y luego el último bastidor o elemento es retirado).
ELLA: Oh, deberías quejarte a alguien.
ÉL: Sí, uno de estos días lo voy a hacer.
ELLA: (Desalentada). Uno de estos días… Es inútil. Además, no podía durar, era demasiado divertido y esto no está bien.
ÉL: ¿Qué es lo que no está bien?
ELLA: Divertirse sin remordimientos.
ÉL: Bueno, pero no habíamos terminado y ¡eso es lo importante!
ELLA: No he visto nunca algo más terminado que lo nuestro.
ÉL: Pero no se llevarán mi gramófono ni mis discos viejos (Va a la mesa y coge la enorme bocina. Su aspecto sosteniendo el gramófono es grotesco).
ELLA: Y yo no permitiré que se lleven mi lámpara china de papel de arroz (Ella coge un globo de papel que cuelga en un costado. Ambos se quedan en la mitad del escenario sin atinar a dónde ir con sus respectivas cargas. De pronto se quedan mirando el uno al otro).
ÉL: Te ves ridícula.
ELLA: Te ves grotesco (En ese momento se apagan algunos focos). Están apagando las luces de nuestro teleteatro del amor.
ÉL: (Gritando hacia el fondo de la sala). ¡No apaguen, que no hemos terminado todavía!
ELLA: (Se apagan casi todos los focos). Dentro de un momento estaremos a oscuras.
ÉL: Como siempre (Se apagan los últimos focos. Sólo queda uno, cenital, en medio del escenario). Casi me siento mejor así, en esta oscuridad sin nada alrededor.
ELLA: Sí, por lo menos es una sensación nueva que no se nos había ocurrido. Ay, me voy.
ÉL: (Sincero). No te vayas todavía, es importante.
ELLA: ¿Para qué?
ÉL: Deja ese absurdo globo en cualquier parte y dame la mano.
ELLA: Para eso tendrás que soltar primero esa espantosa victrola. (Ambos dejan sus respectivas cargas en el suelo). ¿Y?…
ÉL: Bueno, estaba pensando que a lo mejor no era tan difícil…
ELLA: ¿Qué?
ÉL: Todo.
ELLA: ¿Qué quieres decir?
ÉL: Que a lo mejor sólo se trataba de decir una sola palabra. Una palabra bien sencilla que lo explique todo… Una palabra justa en el momento justo…
ELLA: ¿Una palabra?
ÉL: Sí… ¡y voy a decírtela!
ELLA: (Sincera). ¡Sí, dilo, por favor! (Se juntan al medio des escenario bajo el único foco cenital. Sus manos están a punto de tocarse).
ÉL: Bueno… yo… (Se apaga el foco cenital. Oscuridad completa. Un largo silencio expectante).
ELLA: (Anhelante). ¡Dilo, por favor!… Dilo, dilo.
ÉL: (Aullando en la oscuridad) ¡¡Mierda!!! ¡Danos un poco de luz! (Un largo silencio expectante en la más completa oscuridad).
ELLA: (En la oscuridad y con una voz susurrante). Ah, dame la mano. No te veo. Tengo miedo.
ÉL: (Con la misma voz). ¿Dónde estás?
ELLA: Tal vez encendiendo un fósforo.
ÉL: Sí, los cirios de nuestro último velatorio.
ELLA: Se podría intentar… (Ambos encienden una cerilla y prenden las velas de dos candelabros mortuorios que antes no se habían visto en el escenario, pero que ahora están en el suelo. El escenario desnudo se ve a la débil y parpadeante luz de los cirios. ELLA toma el arpa que se había visto durante la obra en un rincón y Él un largo tejido inconcluso. Con él en las manos se sienta en la mecedora. ELLA empieza a tocar el arpa. Interpreta el “leitmotiv” de la obra del sugerente y reiterativo tema del tiovivo del parque de atracciones. ÉL, sin pizca de inhibición ni de burla, se pone a tejer meciéndose. Ambos sonríen beatíficamente. ELLA, sin dejar de tocar el arpa). ¡El día ha sido maravilloso!
ÉL: Sí, pero ya no queda nada de nuestro parque de atracciones.
ELLA: Solamente hasta mañana en que inventaremos otro.
ÉL: Cada día es una maravillosa caja de sorpresas con premios, un largo túnel del amor.
ELLA: En realidad… ¿cómo podemos sobrevivir?
ÉL: ¿A qué?
ELLA: A este cariño tremendo.
ÉL: ¡Somos fuertes!
ELLA: ¡Invulnerables!
ÉL: ¡Inseparables!
ELLA: ¡Intolerables!
ÉL: ¡In-to-le-ra-bles!…
AMBOS: ¡In-to-le-ra-bles!
(Las cortinas se cierran mientras ÉL sigue tejiendo y meciéndose y ELLA sigue tocando el arpa).